domingo, 12 de marzo de 2023

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 13 DE MARZO DE 2023



     


Lc 4,24-30: Jesús, al igual que Elías y Eliseo, no fue enviado solo a los judíos.


Habiendo llegado Jesús a Nazaret, le dijo al pueblo en la sinagoga:

«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.


En este evangelio se hace referencia a dos sucesos del AT, sucesos en los que cuales se experimenta la infinita misericordia de Dios. Dos personas que no eran judías lo experimentan. Y Jesús está diciendo, que por ser del pueblo elegido, no nos concede ningún privilegio, ni sentirnos superiores de nadie. Nuestra misión es testificar el amor de Dios. Y éstas personas lo pueden testificar mejor porque han experimentado el amor=misericordia de Dios en sus vidas rotas. Dios los ha levantado. Sin embargo, a los judíos, que se creían con privilegios, seguros de sí mismos y de su comportamiento, no hizo ningún milagro.

Por otro lado, como esto no les gustó, lo expulsaron de la ciudad. Éste es también nuestro peligro, expulsar a Dios de nuestras vidas: cuando no cumplimos sus expectativas, ni las nuestras, cuando Él no nos satisface a nuestros deseos, cuando experimentamos la cruz, el dolor, el pecado...ésta es la tentación constante. La tentación es no experimentar nuestra finitud, sino seguir creyéndonos los buenos, los mejores y Dios nos tiene que seguir bendiciendo...

Sin embargo, ésto no es así. No somos los mejores, somos pecadores y en la medida que experimentemos esto y la misericordia de Dios, podremos testificar su amor. De lo contrario, testificaremos otro Dios, otra cosa, pero no su amor, paciencia, compasión, misericordia,  ternura...






De la Verbum Domini nº 95 “la necesidad en nuestro tiempo de un compromiso decidido en la missio ad gentes. La Iglesia no puede limitarse en modo alguno a una pastoral de «mantenimiento» para los que ya conocen el Evangelio de Cristo. El impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial. Además, los Padres han manifestado su firme convicción de que la Palabra de Dios es la verdad salvadora que todo hombre necesita en cualquier época”


De la Verbum Domini nº 96 “Al alba del tercer milenio, no sólo hay todavía muchos pueblos que no han conocido la Buena Nueva, sino también muchos cristianos necesitados de que se les vuelva a anunciar persuasivamente la Palabra de Dios, de manera que puedan experimentar concretamente la fuerza del Evangelio. Tantos hermanos están «bautizados, pero no suficientemente evangelizados».”


De la Verbum Domini nº 97. El inmenso horizonte de la misión eclesial, la complejidad de la situación actual, requieren hoy nuevas formas para poder comunicar eficazmente la Palabra de Dios. El Espíritu Santo, protagonista de toda evangelización, nunca dejará de guiar a la Iglesia de Cristo en este cometido. Sin embargo, es importante que toda modalidad de anuncio tenga presente, ante todo, la intrínseca relación entre comunicación de la Palabra de Dios y testimonio cristiano. De esto depende la credibilidad misma del anuncio”



viernes, 10 de marzo de 2023

jueves, 9 de marzo de 2023

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 10 DE MARZO DE 2023

     


Mt 21,33-43.45-46: Este es el heredero: venid, lo matamos.


En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola:

"Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos.

Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’. 

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?"».

Le contestan:

«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice:

«¿No habéis leído nunca en la Escritura:

"La piedra que desecharon los arquitectos 

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho, 

ha sido un milagro patente"? 

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.

Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.


Decía un comentario sobre este pasaje: “Jesús no pronuncia un juicio, deja que sean ellos los que saquen las consecuencias”


En el caso nuestro, lo mismo, Jesús no nos juzga, y deja que sea su misma Palabra la que nos encare en nuestra verdad. Nuestra verdad en cuanto a la fidelidad a Él. 


Y así es Dios con nosotros continuamente. No pronuncia un juicio contra nosotros; deja que seamos nosotros los que descubramos nuestro camino. Deja que seamos nosotros los que descubramos nuestras incoherencias.


Y nos deja libres, porque tarde o temprano, al que desechamos se convierte en nuestra vida en piedra angular. Y es que, al final, todo cae, todo se erosiona, se gasta, se cansa...y entonces es cuando sólo queda Jesús. Entonces edificamos sobre Él y nuestra casa quedará a salvo. 


Pidámosle al Señor para que pronto lo descubramos como nuestra piedra angular.

Pidámosle al Señor que pronto lo busquemos.

Pidámosle al Señor que pronto lo descubramos.

Pidámosle al Señor que no lo desechemos.


Los fariseos y los sumos sacerdotes, “comprendieron que hablaba de ellos”.


Pidámosle al Señor que pronto descubramos que todo lo dice para nosotros, para darnos luz y orientación en la vida, para darnos fuerza (su gracia) y esperanza. 






De la Verbum Domini nº 93  3 “la misión de la Iglesia no puede ser considerada como algo facultativo o adicional de la vida eclesial. Se trata de dejar que el Espíritu Santo nos asimile a Cristo mismo, participando así en su misma misión: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn20,21), para comunicar la Palabra con toda la vida. Es la Palabra misma la que nos lleva hacia los hermanos; es la Palabra que ilumina, purifica, convierte. Nosotros no somos más que servidores. Es necesario, pues, redescubrir cada vez más la urgencia y la belleza de anunciar la Palabra para que llegue el Reino de Dios, predicado por Cristo mismo.”

De la Verbum Domini nº 94 “la misión de anunciar la Palabra de Dios es un cometido de todos los discípulos de Jesucristo, como consecuencia de su bautismo».[315] Ningún creyente en Cristo puede sentirse ajeno a esta responsabilidad que proviene de su pertenencia sacramental al Cuerpo de Cristo. Se debe despertar esta conciencia en cada familia, parroquia, comunidad, asociación y movimiento eclesial. La Iglesia, como misterio de comunión, es toda ella misionera y, cada uno en su propio estado de vida, está llamado a dar una contribución incisiva al anuncio cristiano.”

[…] “Los Obispos y sacerdotes, por su propia misión, son los primeros llamados a una vida dedicada al servicio de la Palabra, a anunciar el Evangelio, a celebrar los sacramentos y a formar a los fieles en el conocimiento auténtico de las Escrituras. También los diáconos han de sentirse llamados a colaborar, según su misión, en este compromiso de evangelización.

La vida consagrada brilla en toda la historia de la Iglesia por su capacidad de asumir explícitamente la tarea del anuncio y la predicación de la Palabra de Dios, tanto en la missio ad gentes como en las más difíciles situaciones, con disponibilidad también para las nuevas condiciones de evangelización, emprendiendo con ánimo y audacia nuevos itinerarios y nuevos desafíos para anunciar eficazmente la Palabra de Dios.[316]

Los laicos están llamados a ejercer su tarea profética, que se deriva directamente del bautismo, y a testimoniar el Evangelio en la vida cotidiana dondequiera que se encuentren. A este propósito, los Padres sinodales han expresado «la más viva estima y gratitud, junto con su aliento, por el servicio a la evangelización que muchos laicos, y en particular las mujeres, ofrecen con generosidad y tesón en las comunidades diseminadas por el mundo, a ejemplo de María Magdalena, primer testigo de la alegría pascual”

miércoles, 8 de marzo de 2023

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 9 DE MARZO DE 2023

    


Lc 16,19-31: Recibiste bienes, y Lázaro males: ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.


En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día.

Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico.

Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.

Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán.

Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo:

"Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas".

Pero Abrahán le dijo:

"Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros".

Él dijo:

"Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento".

Abrahán le dice:

"Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen".

Pero él le dijo:

"No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán".

Abrahán le dijo:

"Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto"».


Este texto, nos invita a considerar la vida desde la eternidad, desde el fin: “Recibiste tus bienes, y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces”.


Decía un sabio: “vive la vida como si fuese el último día”. Nos enseña a ser agradecido y a aprender a mirar a los demás. A su vez, también nos ayuda a poner todo en su justo precio. Nos enseña a distinguir lo que realmente vale de lo que no vale. 


Nos puede hacer recapacitar, porque muchas veces, vemos la muerte como algo tan lejano que no nos lo planteamos. Podríamos preguntarnos: si yo muriera hoy, que me gustaría haber hecho, vivido. No pensemos en los deseos que uno quisiera lograr. Piensa más bien: Si te encontraras con Dios ahora mismo, cuál quisieras que fuera tu carta de presentación...


Por tanto, el tiempo es breve, “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Hoy es mi eternidad. Hoy es la llamada. Hoy es el momento. Hoy es tu oportunidad. 


Pidámosle a Dios que nos de fuerzas para encaminarnos hoy a la transformación de lo quisiéramos ser ante su Presencia. 






De la Verbum Domini nº 93  3 “la misión de la Iglesia no puede ser considerada como algo facultativo o adicional de la vida eclesial. Se trata de dejar que el Espíritu Santo nos asimile a Cristo mismo, participando así en su misma misión: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn20,21), para comunicar la Palabra con toda la vida. Es la Palabra misma la que nos lleva hacia los hermanos; es la Palabra que ilumina, purifica, convierte. Nosotros no somos más que servidores. Es necesario, pues, redescubrir cada vez más la urgencia y la belleza de anunciar la Palabra para que llegue el Reino de Dios, predicado por Cristo mismo.”

De la Verbum Domini nº 94 “la misión de anunciar la Palabra de Dios es un cometido de todos los discípulos de Jesucristo, como consecuencia de su bautismo».[315] Ningún creyente en Cristo puede sentirse ajeno a esta responsabilidad que proviene de su pertenencia sacramental al Cuerpo de Cristo. Se debe despertar esta conciencia en cada familia, parroquia, comunidad, asociación y movimiento eclesial. La Iglesia, como misterio de comunión, es toda ella misionera y, cada uno en su propio estado de vida, está llamado a dar una contribución incisiva al anuncio cristiano.”

[…] “Los Obispos y sacerdotes, por su propia misión, son los primeros llamados a una vida dedicada al servicio de la Palabra, a anunciar el Evangelio, a celebrar los sacramentos y a formar a los fieles en el conocimiento auténtico de las Escrituras. También los diáconos han de sentirse llamados a colaborar, según su misión, en este compromiso de evangelización.

La vida consagrada brilla en toda la historia de la Iglesia por su capacidad de asumir explícitamente la tarea del anuncio y la predicación de la Palabra de Dios, tanto en la missio ad gentes como en las más difíciles situaciones, con disponibilidad también para las nuevas condiciones de evangelización, emprendiendo con ánimo y audacia nuevos itinerarios y nuevos desafíos para anunciar eficazmente la Palabra de Dios.[316]

Los laicos están llamados a ejercer su tarea profética, que se deriva directamente del bautismo, y a testimoniar el Evangelio en la vida cotidiana dondequiera que se encuentren. A este propósito, los Padres sinodales han expresado «la más viva estima y gratitud, junto con su aliento, por el servicio a la evangelización que muchos laicos, y en particular las mujeres, ofrecen con generosidad y tesón en las comunidades diseminadas por el mundo, a ejemplo de María Magdalena, primer testigo de la alegría pascual”

martes, 7 de marzo de 2023

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 8 DE MARZO DE 2023

  


Mt 20,17-28: Lo condenarán a muerte.


En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: 

- «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.» 

Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: 

- «¿Qué deseas?» 

Ella contestó: 

- «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» 

Pero Jesús replicó: 

- «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» 

Contestaron: 

- «Lo somos.» 

Él les dijo: 

- «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a su izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.» 

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: 

- «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»


En el día de hoy, sólo me fijaré en dos expresiones de Jesús. 

  1. “Mirad que estamos subiendo a Jerusalén”. Como todo el evangelio, está escrito para mí. Es un aviso del camino, proceso en el que estamos. A la mitad de la segunda semana, puede ser que no he puesto toda la intensidad en vivirla. O puede que me haya ido aflojando en este caminar. O incluso, que todavía no haya concretado como la voy a vivir. Me recuerda que la Cuaresma es subir a Jerusalén, es salir de mi posición, desinstalarme. No acomodarme en mi estilo de vida, sino seguir a Jesús en la subida a Jerusalén.
  2. “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”. Mi respuesta es no. No tengo fuerzas. Pero sí le pido al Señor, que me de fuerzas, que me ayude. ¡Cuanto me gustaría poder acompañarlo, poder beber el cáliz con Él.! Pero soy muy débil. Por eso le pido, poder estar con Él hasta el final. Entregar la vida. Sé que si empiezo a caminar de su mano, podré llegar. Intento aferrarme a su mano y no soltarla, por más que los zarandeos del camino, me la aflojen.






De la Verbum Domini nº 91  “Su Palabra no sólo nos concierne como destinatarios de la revelación divina, sino también como sus anunciadores.” […] “la Iglesia es misionera en su esencia. No podemos guardar para nosotros las palabras de vida eterna que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo: son para todos, para cada hombre. Toda persona de nuestro tiempo, lo sepa o no, necesita este anuncio. El Señor mismo, como en los tiempos del profeta Amós, suscita entre los hombres nueva hambre y nueva sed de las palabras del Señor (cf. Am 8,11). Nos corresponde a nosotros la responsabilidad de transmitir lo que, a su vez, hemos recibido por gracia.”

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO III DE CUARESMA. CICLO A

   








  HOJA PARROQUIAL


11 y 12 de Marzo de 2023
Domingo III de Cuaresma. Ciclo A.


Parroquias de Tazacorte y Ntra. Sra. de Fátima en Tijarafe

Textos tomados de la página web de los dominicos en España. Dibujos obra de Fano.


“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed”



  


    ¿Habrá una experiencia más vital y cotidiana que la de la sed y el agua? La liturgia de hoy nos presenta la fuerza vital de la fe a través de estas imágenes; estas se enmarcan dentro de un camino de catequesis cuaresmal que busca prepararnos para renovar la alegría del Bautismo en la Pascua de resurrección.


    La sed, símbolo de nuestra doble condición de carentes y deseantes, nos mueve a buscar. Esta búsqueda, sin embargo, no está exenta de escollos y contradicciones que nos tientan a bajar los brazos y a preguntarnos: ¿está o no Dios con nosotros?


    Para ayudarnos a transitar este itinerario, el diálogo de Jesús y la Samaritana se presenta como el paradigma de nuestro camino de fe: en este diálogo restaurador nos vamos «diciendo» hasta encontrarnos con nosotros mismos y con Dios, es un diálogo que nos ayuda a escarbar dentro nuestro hasta descubrir el manantial de amor que es la vida del Espíritu Santo en nosotros. Solamente viviendo desde este manantial saciaremos nuestra sed y tendremos herramientas para saciar la sed de tantas personas a nuestro alrededor. ¿Nos animaremos a entrar en este diálogo restaurador?











LECTURAS


Primera lectura del libro del Éxodo 17, 3-7


En aquellos días, el pueblo, sediento, murmuró contra Moisés, diciendo:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?».
Clamó Moisés al Señor y dijo:
«¿Qué puedo hacer con este pueblo? Por poco me apedrean».
Respondió el Señor a Moisés:
«Pasa al frente del pueblo y toma contigo algunos de los ancianos de Israel; empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y marcha. Yo estaré allí ante ti, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca, y saldrá agua para que beba el pueblo».
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, a causa de la querella de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo:
«¿Está el Señor entre nosotros o no?».


Salmo 94, 1-2. 6-7c. 7d-9 R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».


Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.


Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.


Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-2. 5-8


Hermanos:
Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.


Evangelio según san Juan 4, 5-42


En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».
Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».
La mujer le contesta:
«No tengo marido».
Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».
La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».
La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».
Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».
Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».
Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.
Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».








INTRODUCCIÓN


   1. La experiencia del proceso sinodal


1.2 La dignidad bautismal común 


22. Las prácticas de la sinodalidad vivida han constituido «un momento crucial y precioso para darse cuenta de cómo todos, por el bautismo, compartimos la dignidad y la vocación común de participar en la vida de la Iglesia» (CE Etiopía). Esta referencia fundacional al bautismo —en términos no abstractos, sino como una identidad realmente percibida— pone inmediatamente en primer plano el vínculo entre la forma sinodal de la Iglesia y la posibilidad de cumplir su misión: «ha crecido la conciencia de la importancia de que quienes han recibido la gracia del bautismo caminen juntos, compartiendo y discerniendo a qué les llama la voz del Espíritu. Hay una profunda toma de conciencia de que en una Iglesia sinodal caminar juntos es el camino para ser una Iglesia misionera» (CE Japón). Muchas Iglesias locales, en contextos en los que están presentes muchas confesiones cristianas, ponen de relieve la dignidad bautismal común a todos los cristianos y la misión común al servicio del Evangelio: un proceso sinodal no está completo sin el encuentro con las hermanas y hermanos de otras confesiones, sin compartir y dialogar con ellos y sin comprometerse en acciones comunes. Las síntesis expresan el deseo de un diálogo ecuménico más profundo y la necesidad de formación a este respecto. 


23. Las síntesis presentan el proceso sinodal como una experiencia de novedad y frescura: «el Pueblo de Dios ha destacado el carácter excepcional de la experiencia de expresarse libremente en momentos de encuentro especialmente organizados, sin limitaciones de agenda y con un enfoque específico en seguir la inspiración del Espíritu Santo. La gente comentó que era la primera vez que se les pedía que hablaran a pesar de que llevaban décadas asistiendo a la Iglesia» (CE Pakistán). Otra imagen que aparece se refiere a una experiencia de liberación y nueva vida: la cáscara del huevo que se rompe para dejar que una nueva existencia despliegue sus alas. 

24. En otros lugares, surgen expresiones que evocan más bien la idea de un distanciamiento entre los miembros de una misma familia y un retorno deseado, el fin de una pérdida colectiva de la propia identidad como Iglesia sinodal. Utilizando una imagen bíblica, se podría decir que el proceso sinodal ha marcado los primeros pasos del retorno de un exilio, cuyas consecuencias afectan a todo el Pueblo de Dios: si la Iglesia no es sinodal, nadie puede sentirse realmente en casa. 



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lunes, 6 de marzo de 2023

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 7 DE MARZO DE 2023

 


Mt 23,1-12: No hacen lo que dicen.


En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo:

-En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.

Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es para que los vea la gente:

alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto;

les gustan los primeros puestos en los banquetes

y los asientos de honor en las sinagogas;

que les hagan reverencias por la calle

y que la gente los llame «maestro».

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo.

El primero entre vosotros será vuestro servidor.

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.


Cuando leemos y meditamos la Palabra, no olvidemos dos máximas: 1) El evangelio está escrito para mi y 2) es para vivirlo y cumplirlo.


Jesús ataca la incoherencia de los fariseos, y su ambición.

Como este evangelio está dirigido para mi, miro mis incoherencias. Muchas son fruto del pecado y de la debilidad. Pero las puedo corregir. Debo mirar cuales son y buscar los medios y los remedios para irme corrigiendo. Tener también una visión global de mi vida y comprobar que hay un equilibrio entre lo que creo y lo que vivo. Un equilibrio, entre mi oración y mi apostolado; entre mi oración y mi compasión.


También se ha colado en la comunidad cristiana la ambición. Ambición de poder, ambición de honor, ambición de dignidad. Y aunque las parroquias sean un ámbito muy pequeño y local, muchas veces hay rivalidades por los puestos, los protagonismos, etc. Algunas de ellas son debido a las que acaparan todo y por las que tienen envidia de éstas. Es un círculo vicioso. “No hagamos lo que ellos hacen”. Jesús nos invita justo a lo contrario: al servicio, a la humildad. Sólo ahí, desde esa perspectiva, estaremos a salvo del virus de la ambición. 


Que en el día de hoy, el Señor nos enseñe a desinstalar de mi vida la ambición y que ello lo traslade a la Iglesia. Que nuestra única ambición sea la realización del Reino de Dios. (Ese era el alimento de Jesús)






De la Verbum Domini nº 86  “El Sínodo ha vuelto a insistir más de una vez en la exigencia de un acercamiento orante al texto sagrado como factor fundamental de la vida espiritual de todo creyente, en los diferentes ministerios y estados de vida, con particular referencia a la lectio divina.” […] “ la Palabra de Dios está en la base de toda espiritualidad auténticamente cristiana.” […] “Recuerden que a la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración”. […] “Como dice san Agustín: «Tu oración es un coloquio con Dios. Cuando lees, Dios te habla; cuando oras, hablas tú a Dios».”


De la Verbum Domini nº 87. “En los documentos que han preparado y acompañado el Sínodo, se ha hablado de muchos métodos para acercarse a las Sagradas Escrituras con fruto y en la fe. Sin embargo, se ha prestado una mayor atención a la lectio divina, que es verdaderamente «capaz de abrir al fiel no sólo el tesoro de la Palabra de Dios sino también de crear el encuentro con Cristo, Palabra divina y viviente».” […] “se comienza con la lectura (lectio) del texto, que suscita la cuestión sobre el conocimiento de su contenido auténtico: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo? Sin este momento, se corre el riesgo de que el texto se convierta sólo en un pretexto para no salir nunca de nuestros pensamientos. Sigue después la meditación (meditatio) en la que la cuestión es: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros? Aquí, cada uno personalmente, pero también comunitariamente, debe dejarse interpelar y examinar, pues no se trata ya de considerar palabras pronunciadas en el pasado, sino en el presente. Se llega sucesivamente al momento de la oración (oratio), que supone la pregunta: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra? La oración como petición, intercesión, agradecimiento y alabanza, es el primer modo con el que la Palabra nos cambia. Por último, la lectio divina concluye con la contemplación (contemplatio), durante la cual aceptamos como don de Dios su propia mirada al juzgar la realidad, y nos preguntamos: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor? San Pablo, en la Carta a los Romanos, dice: «No os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto» (12,2). En efecto, la contemplación tiende a crear en nosotros una visión sapiencial, según Dios, de la realidad y a formar en nosotros «la mente de Cristo» (1 Co 2,16). La Palabra de Dios se presenta aquí como criterio de discernimiento, «es viva y eficaz, más tajante que la espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12). Conviene recordar, además, que la lectio divina no termina su proceso hasta que no se llega a la acción (actio), que mueve la vida del creyente a convertirse en don para los demás por la caridad.”