martes, 6 de abril de 2021

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 7 DE ABRIL DE 2021. MIÉRCOLES DE LA OCTAVA

  Lc 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan.


Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos, pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

-«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»

Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:

-«¿Eres tú el único forastero de Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»

Él les preguntó:

-«¿Qué?

Ellos le contestaron:

-«Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»

Entonces Jesús les dijo:

- «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, el hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:

«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

Ellos comentaron:

- «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

- «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


De este evangelio podríamos comentar tantas cosas...es tan memorable. Me quedo con la expresión: quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.

Es una invitación al Señor a entrar en la casa. ¡Qué bien nos hace que le pidamos que entre de verdad, que cene con nosotros, que nos acompañe, que nos alimente!

El Señor no se avergüenza de nosotros, (entró en casa de Zaqueo), quiere alojarse en nuestra casa.

Algunas veces no nos atrevemos a dejarlo entrar porque nos da miedo lo que nos hará. Sin embargo, lo que vemos en el Evangelio es siempre un cambio a mejor, una conversión. Pero nos sigue dando miedo...

El tiempo de Pascua, sea un tomar conciencia de su presencia entre nosotros, especialmente en lo más profundo de nuestro interior.

Hagamos todos los días esta oración:

Quédate, Señor, conmigo, porque ten necesito ver presente para no olvidarte, pues ya sabes con cuenta frecuencia te abandono.

Quédate, Señor, conmigo, porque soy muy débil y necesito de tus alientos y de tu fortaleza para no caer tantas veces.

Quédate, Señor, conmigo, porque Tú eres mi vida y sin Ti con frecuencia decaigo en el fervor.

Quédate, Señor, conmigo, porque Tú eres mi luz y sin Ti estoy en tinieblas.

Quédate, Señor, conmigo, para que oiga tu voz y la siga.

Quédate, Señor, conmigo, para demostrarme todas tus voluntades.

Quédate, Señor, conmigo, porque deseo amarte mucho y vivir siempre en tu compañía.

Quédate, Señor, conmigo, porque todo mi ser te está consagrado y Tú me perteneces.

Quédate, Señor, conmigo, y haz de mi corazón una celda de amor de la cual nunca te alejes.

Quédate, Señor, conmigo, si quieres que se te fiel.

Quédate, Señor, conmigo, porque aunque mi alma es muy pobre, deseo que sea para Ti un lugar de consuelo, un huerto cerrado, un nido de amor.

Quédate, Señor, conmigo, y haz que tu amor me inflame tanto que me consuman sus amorosas llamas.

Quédate, Señor, conmigo, porque se hace tarde y declinan las sombras, es decir, se pasa la vida, se acerca la cuenta, la eternidad, y es preciso que redoble mis días, mis esfuerzos, que no me detenga en el camino y por eso te necesito. Se hace tarde y se viene la noche, me amenazan las tinieblas, las obscuridades, las tentaciones, las sequedades, penas, cruces, etc., y Tú me eres preciso, Jesús mío, para alentarme en esta noche de destierro, ¡Cuánta necesidad tengo de Ti!

Quédate, Señor, conmigo, porque en esta noche de la vida y de los peligros, deseo ver tu claridad, muéstrateme y haz que te conozca como tus discípulos en el partir del pan, es decir, que la unión Eucarística sea la luz que aclare mis tinieblas, la fuerza que me sostenga y la única dicha que embriague mi corazón.

Quédate, Señor, conmigo, porque cuando llegue la muerte, quiero estar junto a Ti y si no realmente por medio de la Sagrada Comunión al menos quiero tener mi alma unida a Ti por la gracia y por un abrasado amor.

Quédate, Señor, conmigo, no te pido sentir tu adorable presencia y tus regalos divinos que no los merezco, pero tu residencia en mi por la gracia ¡oh, sí que te la pido!

Quédate, Señor, conmigo, pues a Ti sólo te busco, tu amor, tu intimidad, tu Corazón, tu espíritu y tu gracia. Te busco por Ti mismo porque te amo; y no te pido más recompensa que amarte con solidez, prácticamente, amarte únicamente, amarte cuento puedo, amarte con todo mi corazón en la tierra para seguir amándote con perfección por toda la eternidad.


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA


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lunes, 5 de abril de 2021

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 6 DE ABRIL. MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA

  Jn 20,11-18: He visto al Señor.


En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:

- «Mujer, ¿por qué lloras?»

Ella les contesta:

- «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:

- «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

- «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»

Jesús le dice:

- «¡María!»

Ella se vuelve y le dice:

- «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»

Jesús le dice:

- «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro."»

María Magdalena fue y anunció a los discípulos:

- «He visto al Señor y ha dicho esto.»



Este es un texto muy rico, de una delicadeza extrema de Jesús con María. Pero no me voy a fijar en ello, sino sólo en la frase que se pone a modo de resumen, de título.


“He visto al Señor”, es lo que dice la Magdalena a los apóstoles, por ello le valió el título de la apóstol de los apóstoles. La expresión es muy sencilla, parca, pero encierra lo esencial, lo único esencial: he visto.


Es la prueba de la Resurrección, que es una experiencia, que es un encuentro. Este encuentro no tiene que ser sensible, y eso nos puede confundir. Pero sí podremos tener la certeza de haberlo visto. Es necesario recordarlo, relatarlo, porque ello nos hará bien, nos iluminará acontecimientos del pasado. Y sobre todo nos dará la certeza de que, como estuvo conmigo, seguirá estándolo. 


El Papa Francisco utiliza mucho la palabra para el apóstol: ser memorioso, que entiendo que significa, tener vivo el recuerdo de la presencia suya conmigo. 


Y ésta es la experiencia que tenemos que comunicar, no algo teórico, sino la vivencia del misterio del Señor en nosotros. 


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA


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domingo, 4 de abril de 2021

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 5 DE ABRIL. LUNES DE LA OCTAVA

Mt 28,8-15: Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.


En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:

- «Alegraos.»

Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.

Jesús les dijo:

- «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:

- «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.


Del Papa Francisco: "Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22). Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor."


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA


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HOMILÍA MISA DE PASCUA CON BAUTISMO DE NIÑOS Y RENOVACIÓN DEL BAUTISMO EN OTRA

 Especial: Revisión de la Semana Santa


Queridos niños, esta Semana Santa, he intentado reflexionar sobre la advertencia de Jesús: “Miren que vamos subiendo a Jerusalén”

Les dije que Jerusalén está situada en alto, por lo que para ir allí, hay que subir. Subir siempre es cansado, pero luego tenemos una vista mejor, luego bajamos y es más descansado.


Jerusalén era la ciudad más importante, la ciudad santa, pero la ciudad donde morían todos los profetas. Allí murió Jesús. Pero también resucitó, para sorpresa de todos.


Subir al Monte de Jerusalén es subir también a su Resurrección, porque Él resucitó precisamente ahí. Y también subió al cielo, en una de las tradiciones (la huella está en El Monte de los Olivos)

Subir al Monte es la exaltación. La glorificación. El agua viene de los ríos, barrancos, viene de las montañas. En Jerusalén había varias fuentes donde la gente se iba a remojar, a beber agua. Y alguna de ellas era milagrosa. 


El signo de la resurrección es el agua del bautismo. Por ella, participamos de la vida nueva de Jesús. Nacer de nuevo le dijo una vez a Nicodemo. 


Porque el agua es capaz de dar vida, frescor. Llueve y entonces todo se llena de vida. 

Gotita de agua

pura y transparente

me dejas la cara

limpia y reluciente.


Gotita traviesa

bello manantial

eres del planeta

líquido vital.


Gotita de agua

quítame la sed,

mi amiga apreciada

de ti beberé. (Alejandro Díaz Valero)


Se puede encontrar en los tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso. LA RESURRECCIÓN ES UN HECHO QUE NOS ACOMPAÑA EN LAS MÚLTIPLES FACETAS DE LA VIDA Y ESTADOS EMOCIONALES: tristeza, alegría, pena, miedo, etc. Y nos transforma. Por ejemplo, cuando está en estado sólido, es duro (hielo). Así cuando estamos bien, es fuerte, pero débil al mismo tiempo (como el hielo), para que no nos creamos que nosotros sólo podemos. También puede estar en estado gaseoso. Así, cuando estamos depre, la resurrección es suave como el aire con nosotros, nos acaricia y nos envuelve. Y cuando está en estado líquido, que es como la conocemos es moldeable: se moldeable como el agua. Si pones agua en una taza se convierte en la taza. Si pones agua en una botella se convierte en la botella (Bruce Lee). Entonces nos lleva de la mano. 


No posee color, ni olor, ni sabor: La Resurrección no es nada nuevo, sino Jesús dentro de ti. Seguirás siendo tú, pero te habrá transformado desde el interior.


Solvente universal: En ella se disuelven más sustancias que en otro líquido. (Eso en química es que tiene la habilidad de forzar lazos de hidrógeno). Por tanto, la Resurrección te da una empatía con todos, incluso con los que no te caen bien. 


Excelente conductor de la electricidad: Excelente conductor de las buenas vibraciones, la buena onda, las buenas sensaciones. 


Propaga el sonido: Hace que las pequeñas cosas que hacemos tengan un eco mayor.


Queridos Miguel y Daniela, van a recibir algo muy grande, algo que han recibido el resto de los compañeros. Recíbanlo con alegría, y el resto, démosle gracias porque nuestros padres nos bautizaron un día. 


Y todos “seamos como la fuente que se derrama y no como el tanque que siempre contiene la misma agua”. Paulo Coelho 

HOMILÍA DE LA VIGILIA PASCUAL Y DOMINGO DE PASCUAL 2021

 

 Especial: Revisión de la Semana Santa

Subir al Monte de Jerusalén es subir también a su Resurrección, porque Él resucitó precisamente ahí. Y también subió al cielo, en una de las tradiciones (la huella está en El Monte de los Olivos)

Subir al Monte es la exaltación. La glorificación.


Jesús hace nuevas todas las cosas y a partir de ahora, Jerusalén ya no es la ciudad que mata a los profetas, sino la ciudad donde Resucitó Jesús. De hecho en su anuncio de la Pasión, Él también lo preanunció.


Subir a Jerusalén es subir a la vida.

Subir a Jerusalén es subir a la Presencia. Él está en tí, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza” (Christus Vivit, 2)

Subir a Jerusalén es subir a la Esperanza.

Subir a Jerusalén es subir al Cumplimiento de las Promesas de Dios.


Porque resucitó donde murió, donde se entregó, es precisamente por esto que podremos encontrar una nueva mirada, mirada resucitada.


Pero debemos aprender a ver y a reconocer la resurrección, mirando el mundo con “ojos de resucitado”. No es fácil ver y reconocer las resurrecciones ni a los resucitados, por muchos motivos. Sobre todo porque los cuerpos de los resucitados llevan los estigmas de la pasión. Las heridas, propias y ajenas, nos dan miedo. Huimos de ellas. No somos capaces de vivirlas como el comienzo de la resurrección y el sacramento que siempre la acompaña. Pero cuando buscamos una resurrección sin llagas ni dolor, no la encontramos e incluso podemos confundirla con el éxito. No vemos la resurrección porque pensamos que es la anti-cruz, lo contrario de la pasión, y no su cumplimiento. Huimos de los crucificados y los abandonados y así no vemos a los resucitados, que sólo se encuentran ahí. La resurrección comienza en la cruz y sus señales son para siempre.

La resurrección de Cristo es la resurrección de su cuerpo herido. La novedad de esta resurrección está, entre otras cosas, en su corporeidad. Pero la resurrección del cuerpo no es un regreso al cuerpo del jueves. El acontecimiento de la resurrección no borra las señales de la flagelación y la vía crucis. Cristo se aparece con sus llagas, la luz de la resurrección elimina los estigmas del viernes santo. La gloria del resucitado no es como la de los héroes antiguos; su gloria es humilde, herida, débil. Los resucitados que se aparecen sin llagas son fantasmas, ilusiones, sueños o ideologías y por consiguiente no tienen luz. Nuestra resurrección comienza con el grito de abandono en la cruz. Si no aprendemos a gritar, tampoco aprendemos a resurgir. La lógica de las bienaventuranzas sólo se entiende desde la perspectiva de un resucitado con estigmas. (Luigi Bruni).


El Resucitado es el Crucificado y lo será siempre. Y ahí está el milagro. Ver signos de resurrección donde sólo hay muerte. Ver a Dios donde sólo es tiniebla. Es más, sólo encontraremos la Resurrección en los crucificados del mundo. Sólo tienes que abrir bien los ojos de la fe. Lo otro, es ver la resurrección donde sólo hay triunfo, donde todo es sencillo, etc, no vemos la resurrección, vemos sólo un espejismo de la vida.  


De una manera renovada podemos subir a Jerusalén, con la mirada resucitada, una mirada más amplia, más limpia, más luminosa, más integradora, más misericordiosa, más comprensiva, etc.


Escuchemos por último a Jesús: Miren que vamos subiendo a Jerusalén.

sábado, 3 de abril de 2021

HOMILÍA DEL VIERNES SANTO 2021

  

 Especial: Revisión de la Semana Santa

Seguimos subiendo Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas. Y hoy subimos al monte Gólgota, o monte Calvario.

Si, Jesús es crucificado en un monte, con todo lo que ello nos puede evocar: lugar del encuentro con Dios, lugar de la máxima manifestación de algo.


El Monte Calvario es el monte de la maldad.

El Monte Calvario es el monte de la envidia.

El Monte Calvario es el monte de la burla.

El Monte Calvario es el monte de la ignominia.

El Monte Calvario es el monte de la blasfemia.

El Monte Calvario es el monte de la injusticia.

El Monte Calvario es el monte de la soledad.

El Monte Calvario es el monte de la desesperación.

Pero también...

El Monte Calvario es el monte de la confianza. (Si leemos el Salmo 22, comenzamos “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?....y sigue el salmo...pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme....Él es mi alabanza en la gran asamblea... 

El Monte Calvario es el monte del despojamiento. (Renunció a todo)

El Monte Calvario es el monte de la kénosis (anonadamiento). (Renunció a sí mismo y a su categoría de Dios)

El Monte Calvario es el monte de la entrega. (No me quitan la vida, la doy libremente)

El Monte Calvario es el monte del amor. (Por amor)

El Monte Calvario es el monte de la exaltación. (Se resalta el amor por nosotros)

El Monte Calvario es el monte del evangelio. Aquí está todo. Aquí se vive todo. Aquí se explica todo. (La entrega, el servicio, el amor a los enemigos, el perdón, la misericordia, la confianza en Dios, la renuncia a sí mismo, cargar con la cruz, etc)


Escuchemos una vez más a Jesús: Miren que vamos subiendo a Jerusalén. Y seguidamente nos anuncia la Pasión. Los apóstoles no entendían, nosotros ya tenemos conocimientos para entender y tenemos el Espíritu Santo para que nos haga comprender. 


Subamos al monte con Él. Decíamos ayer que la vida es una Eucaristía. Ésta se realizó plenamente en el altar De la Cruz. El servicio es entrega. La entrega es amor.

Este servicio debe ser pleno, no a medias.


Jesús nos lo dice de manera más clara, el despojamiento mayor en Él, es la exaltación (lenguaje de Juan). La mayor dignidad es ésta. Éste es el lenguaje de los mártires. Lenguaje duro éste. 


Nadie tiene amor, hasta que no da la vida por el otro.

El Monte Calvario es el monte de la exaltación. La exaltación del amor. 


Nunca antes habíamos conocido un amor tan grande, tan profundo, tan puro, tan eterno, como el de Jesús.

El Monte Calvario es el monte del amor. Amor con mayúsculas, amor que es entrega total, que no se reserva nada. 


Por ello, el Viernes Santo, miramos también a los crucificados del mundo: (De la catequesis del miércoles del Papa) los sufrimientos de los enfermos, de los pobres, de los descartados de este mundo; recordaremos a los “corderos inmolados” víctimas inocentes de las guerras, de las dictaduras, de las violencias cotidianas, de los abortos… Delante de la imagen de Dios crucificado llevaremos, en la oración, los muchos, demasiados crucificados de hoy, que solo desde Él pueden recibir el consuelo y el sentido de su sufrimiento. Y hoy hay muchos: no olvidar a los crucificados de hoy, que son la imagen del Jesús Crucificado, y en ellos está Jesús.


El Viernes Santo nos configura con un tipo especial de servicio: a los crucificados del mundo. Es la prioridad que nos lanza este día. Es la prioridad de Jesús. No podemos dedicarnos a servir a los que tenemos cercanos, a los que es fácil (“qué mérito tendréis”), a los que no implica nada. Hay que servir a los crucificados del mundo, que nos exige el salir de nosotros mismos, de nuestras seguridades y de nuestras comodidades. Porque así es el paradigma de la Iglesia, en estado permanente de misión.


Este Viernes Santo, miremos a la cruz de Jesús. Si la miramos profundamente, veremos que tiene una cualidad, es como un espejo que refleja estos crucificados. Esa será la clave para que también el mundo pueda decir que El Monte Calvario es el monte de la exaltación, porque es el monte que nos implica, envía y humaniza este mundo.

jueves, 1 de abril de 2021

HOMILÍA DEL JUEVES SANTO 2021

 

 Especial: Revisión de la Semana Santa

Nos acercamos al Misterio Pascual en esta tarde del Jueves Santo.

Acerquémonos con toda la humildad que podamos, dado que celebramos misterios muy grandes, LOS MÁS GRANDES, 

Misterios muy profundos

Misterios muy liberadores

Misterios muy esperanzadores

Misterios muy luminosos

Misterios muy gozosos (cuando lo estaba escribiendo, el corrector me insinuaba la palabra golosos en vez de gozosos (según el diccionario= deseoso o dominado por el apetito de algo)). Y no parece malo, porque celebramos una comida y un sacrificio en el mismo acto, celebración. La comida más apetecible.


Resuenan en nosotros las palabras de Dios ante la zarza ardiente: “Descálzate, el terreno que pisas es sagrado”. 

Por ello, no queremos que pase de largo, un Jueves Santo más. No es el mismo de otros años. Es el Jueves Santo del 2021. Mejor, es el Jueves Santo de Jesús, es su Última Cena. Participamos de su entrega, de su cena. Por ello, empecemos descalzándonos.

Esta expresión la oyó Moisés en un pequeño monte. Nosotros estamos subiendo a Jerusalén, la ciudad santa. Descalcémonos.

Descalcémonos de nuestras seguridades

Descalcémonos de nuestras opiniones.

Descalcémonos de nuestras ideas preconcebidas.

Descalcémonos de nuestros sueños.

Descalcémonos de nuestros horarios.

Descalcémonos de nuestras elecciones.

Descalcémonos de nuestra libertad.

Descalcémonos de....

Hay que hacerlo para subir a Jerusalén, la ciudad santa.


Jesús lo hizo. Se descalzó, se despojó de su manto. Se despojó de su vida.

Se despojó incluso de sus sentimientos. En ningún momento como en éste, los vemos a flor de piel. Se despojó de su libertad, más bien, la dirigió a la voluntad de Dios.


Y hoy también nos enseña que para subir a Jerusalén, a la Jerusalén celestial, hace falta una vida eucarística.

Subimos a Jerusalén, a la cima del encuentro con Dios sólo desde ahí.

Subimos a la cumbre de la humanidad. Y ésta es el servicio.

Nada hay más humano que el servicio, que es considerar al otro como tú, con una dignidad especial.

SIN SERVICIO NO HAY POSIBILIDAD DE ENCUENTRO REAL CON JESÚS.


Jesús subió muchas noches al monte a orar. Pero subió para entregar su voluntad a la del Padre, que es servir al proyecto del Reino de Dios (yo estoy en medio de ustedes como el que sirve)

La Eucaristía es el servicio.

Por ello, la Eucaristía no termina cuando termina la misa.

La vida puede ser una Eucaristía.

La vida debe ser una Eucaristía.

La vida no puede ser de otro modo que una Eucaristía.

Por ello, es la cumbre de la humanidad. Porque es la entrega de Jesús. 

Es la mayor manifestación de la dignidad, así revelado por Jesús.


Hoy venimos a celebrar la última cena y la primera misa, la única misa. 

Por ello, contemplemos todos los gestos, palabras, sentimientos para captar lo esencial de la vida cristiana. Para captar el gran mensaje que Jesús nos dejó con su vida.


Por ello, no podemos seguir viniendo a la misa simplemente para escuchar, oír, contemplar, ver. Nos suele pasar que cuando comemos mucho, tenemos una digestión más pesada y menos ganas tenemos de trabajar, etc. La Eucaristía tiene una dimensión de servicio intrínseca con ella misma. Ella nació del servicio de Jesús.  Ella sólo se puede realizar del servicio. La Eucaristía sin servicio no produce frutos. Los frutos los produce en la medida en que sirvamos.


Cuantas Eucaristías indignas porque sólo venimos pasivamente. 

Cuantas Eucaristías indignas porque sólo venimos para cumplir. 

Cuantas Eucaristías indignas porque sólo venimos por costumbre.

Cuantas Eucaristías indignas porque sólo venimos para aparentar.

Cuantas Eucaristías indignas porque sólo venimos a calentar el banco.


¿Y cuando venimos a servir???


¿Es qué no captamos el mensaje de Jesús?

¿Es que no captamos la entrega de Jesús?

¿Es que no vimos su servicio a lo largo de su vida y lavando los pies a los apóstoles?


Hay tanto por hacer.

Hay tanto por comunicar.

Hay tanto por amar.

Hay tanto por servir.

Hay tanto por escuchar.


Que salgamos todos de esta Eucaristía ofreciéndonos al Señor.

Miremos que vamos subiendo a Jerusalén.

Miremos que vamos subiendo al encuentro con el Señor. Miremos que sólo desde el servicio podremos encontrarnos con Él.