14 y 15 de Enero de 2023
“Jesús, el Hijo de Dios”
La liturgia del domingo pasado nos ofrecía el relato del bautismo de Jesús integrándose, como uno más, en el colectivo de todos aquellos que escuchaban la invitación del Bautista a la conversión. A pesar de su inocencia, pasaba desapercibido entre la gente como un pecador más.
Hoy Juan el Bautista da un paso más dejándonos su testimonio personal sobre Aquel a quien había bautizado. Nos invita de este modo a superar esa superficialidad en que nos envuelve y sumerge con frecuencia la inercia de nuestra rutina religiosa. Pretende adentrarnos en una espiritualidad más consciente y viva, fundamentada en la sólida identidad cristológica de Jesús, a quien hemos confesado como tal en nuestras promesas bautismales.
Primera lectura del libro de Isaías 49, 3. 5-6
Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10 R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-3
Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Evangelio según san Juan 1, 29-34
INTRODUCCIÓN
1. El Sínodo avanza: podemos afirmarlo con entusiasmo un año después de su apertura. A lo largo de esta primera parte de la fase consultiva, millones de personas de todo el mundo se han implicado en las actividades del Sínodo: algunas participando en las reuniones a nivel local, otras colaborando en la animación y coordinación de las actividades en los distintos niveles, otras ofreciendo el apoyo de sus oraciones. «Expresamos también, nuestra gratitud a las religiosas de vida contemplativa, que acompañaron a su pueblo con la oración y siguen orando por los frutos del Sínodo» (CE Perú). Los verdaderos protagonistas del Sínodo son todas estas personas que han participado.
2. Se han puesto en marcha impulsados por el deseo de ayudar a encontrar la respuesta a la pregunta fundamental que guía todo el proceso: «¿cómo se realiza hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese “caminar juntos” que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada; y qué pasos el Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal?» (Documento preparatorio, n. 2).
3. A lo largo del camino han experimentado la alegría de encontrarse como hermanos y hermanas en Cristo, compartiendo lo que la escucha de la Palabra hacía resonar en su interior y cuestionándose sobre el futuro de la Iglesia a partir de los estímulos ofrecidos por el Documento Preparatorio (DP). Esto ha alimentado el deseo de una Iglesia cada vez más sinodal: la sinodalidad dejó de ser un concepto abstracto y adquirió el rostro de una experiencia concreta; saborearon su sabor y quieren seguir haciéndolo: «“a través de este proceso hemos descubierto que la sinodalidad es un modo de ser Iglesia; es más, el modo”. “El Espíritu Santo nos pide que seamos más sinodales”» (CE Inglaterra y Gales).
4. La experiencia de quienes participaron se tradujo en palabras, a través de las aportaciones que las distintas comunidades y grupos enviaron a las diócesis, quienes las resumieron y transmitieron a las Conferencias Episcopales. Estas, a su vez, siguiendo el esquema ofrecido en el DP, redactaron una síntesis que fue enviada a la Secretaría General del Sínodo.


