jueves, 14 de abril de 2022

HOMILÍA DEL JUEVES SANTO 2022

 Comenzamos el Triduo Pascual con la Eucaristía de la Cena del Señor. Y lo hacemos intentando profundizar en el lema del Papa de la Cuaresma: “No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos» (Ga 6,9-10a).


Un año en el que vamos teniendo menos restricciones, sin olvidar que el virus todavía puede hacer estragos, y donde se nos va permitiendo volver a la normalidad de la Semana Santa. Hoy podemos hacer el signo del lavatorio de los pies.


La liturgia nos invita a contemplar bien los gestos de Jesús. Este gesto lo equipara a la Eucaristía.


Vemos que Jesús se quita el manto y se pone a lavar los pies a los discípulos. A todos. Al que lo entregará: Judas. También al que lo negará: Pedro. Y a los que lo abandonaron: el resto de los discípulos excepto Juan.  Y Jesús nos pide que también nosotros tenemos que continuar con esa manera de ser y estar. Es consustancial al ser cristiano. “Si no te lavo, no tienes parte conmigo”. Por ello, el cristiano es el que lava los pies a los demás, “también ustedes deben lavarse los pies unos a otros…”


Lavar los pies es quitar la suciedad que van acumulando de los caminos polvorientos. 

Lavar los pies es curar las heridas que pueden ir teniendo. 

Lavar los pies es dar un masaje a los pies cansados, para poder continuar con el camino. 

Lavar los pies es también dejarlos presentables para lucirlos.


Lavar los pies es hacer el bien. Hacer el bien a ¿quien? A todos. Es el ministerio de Jesús, que dice los evangelios que pasó por el mundo haciendo el bien. 


Hacer el bien a los que acumulan suciedades. En esos casos, depende de lo incrustada que esté esa suciedad, habrá que restregar más o menos. Los que hacen el mal, los que van sucios por la vida. Hay personas que están en esos caminos sucios, porque nadie los a ayudado. Otros porque las circunstancias de la vida los ha llevado por ahí. Ellos necesitan más que nadie del lavatorio de los pies, de nuestro compromiso por el bien. El bien hay que hacerlo a todos. Por tanto, hacer el bien a los que “no se lo merecen”, según los cánones del sentido común. Ese hacer el bien, debería serles atractivo, producirles paz y alegría, para que puedan reconocer la excelencia de la limpieza sobre la suciedad.


Hay que hacer el bien a los que tienen heridas. El agua lava las heridas y ello ayuda a aliviar y a curar. Con qué delicadeza hay que lavar esos pies. Hacer el bien a los que sufren, a los que tienen heridas. Su vida maltrecha está necesitada del aceite del consuelo y del vino de la alegría. En sus vidas hay pocas alegrías, todo son golpes y dolores. Hay que hacer el bien con mucha ternura y amor. 


Hay que hacer el bien a los que necesitan masajes. Los pies se cansan de mucho caminar y algunos caminos rotos, nos los cansan más. Los masajes los damos a los pies cansados, y les reconstituye y descansa. Son las personas que también hacen el bien, pero pueden cansarse porque hacer el bien es más exigente, comprometido y peligroso. Necesitan de ese masaje para poder seguir haciéndolo. En este sentido, nos ayudamos también los unos a los otros. Debemos ser apoyo unos con otros. Estamos en la misma barca, remamos en la misma dirección. 


Hay que hacer el bien dejando presentables esos pies. Al lavar los pies, podemos aprovechar a hacerle la pedicura. El amor embellece a la persona receptora. Hacer el bien debe ir enfocado a mejorar a la persona en una perspectiva integral. 


Como vimos, muchas veces, el compromiso por el bien puede ir decayendo, o por las mismas fuerzas de la persona, o por muchos impedimentos que va encontrando, o simplemente por el ambiente que le arrastra.  Me atrevo a decir que es imposible hacer el bien sin cansarse sin la Eucaristía. Si no directamente, indirectamente, gracias a la fuerza de la entrega de Jesús.

Si nuestro compromiso por el bien se alimenta de la Eucaristía, tiene asegurado la continuidad. La fuerza emanada de la Eucaristía es una fuerza inagotable. 


Este Jueves Santo, gritemos con fuerza: hagamos el bien, a tiempo y a destiempo, no desfallezcamos, y para ello aliméntate de la Eucaristía. 


Agradezcamos el inmenso don que nos ha dado el Señor con su empeñarse por el bien, incluido nosotros.  

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO II DE PASCUA. CICLO C

      








  HOJA PARROQUIAL


23 y 24 de Abril de 2022
Domingo II de Pascua. Ciclo C.

Parroquias de Tazacorte y Ntra. Sra. de Fátima en Tijarafe

Textos tomados de la página web de los dominicos en España. Dibujos obra de Fano.


“Paz a vosotros”




  Llevamos ocho días celebrando el acontecimiento de la Resurrección. Fue un acontecimiento que repercutió de tal manera en quienes vivieron la experiencia de encuentro con Jesús resucitado, que transformó sus vidas: pasaron de vivir con miedo a exultar de alegría, de estar encerrados a sentirse enviados, de vivir en la incertidumbre a poder ver y tocar a su Señor, de no ver a creer, de creer a vivir dando testimonio.


    Este itinerario inaugura un nuevo tiempo en el que el Espíritu impulsa y sostiene a la comunidad, tanto aquella primera de discípulos y seguidores que oyeron, vieron y tocaron a Jesús durante su vida, como todas las que posteriormente sentimos su presencia «vivo por los siglos de los siglos» (Ap 1,18).


    Hoy, «el día del Señor» (Ap 1,10), celebramos la misericordia que el Señor ha tenido con nosotros al hacernos testigos de la resurrección de su Hijo, acogemos su «paz» (Jn 20,19.21.26), recibimos su «Espíritu Santo» (Jn 20,22) y somos «enviados» a dar testimonio de lo que «hemos visto y oído» (1 Jn 1,3)






LECTURAS

Primera lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 12-16


Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón; los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor.
La gente sacaba los enfermos a las plazas, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno.
Acudía incluso mucha gente de las ciudades cercanas a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos eran curados.


Salmo 117. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.



Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
El Señor es Dios, él nos ilumina. R/.


Segunda lectura del libro del Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19


Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla llamada Patmos a causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
El día del Señor fui arrebatado en espíritu y escuché detrás de mí una voz potente como de trompeta que decía:
«Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias».
Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y, vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro.
Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Pero él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome:
«No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues, lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto.


Evangelio según San Juan 20, 19-31


Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.





Parte 4. Cómo debemos orar


PRIMERA SECCIÓN. La oración en la vida cristiana


CAPÍTULO PRIMERO. Orar: Cómo Dios nos regala su cercanía


486 ¿Por qué debemos pedir a Dios?


Dios, que nos conoce completamente, sabe lo que necesitamos. Sin embargo, quiere que «pidamos»: que en las necesidades de nuestra vida nos dirijamos a él, le gritemos, le supliquemos, nos quejemos, le llamemos, que incluso «luchemos en la oración» con él. Ciertamente Dios no necesita nuestras peticiones para ay darnos. La razón por la que debemos pedir es por nuestro propio interés. Quien no pide y no quiere pedir, se encierra en sí mismo. Sólo e[ hombre que pide, se abre y se dirige ¿ origen de todo bien. Quien pide retorna a la casa de Dios. De este modo la oración de petición coloca al hombre en 1 relación correcta con Dios, que respeta nuestra libertad.


¿Qué expresan los cristianos mediante las diferentes posturas de oración?”


Con el lenguaje del cuerpo, los cristianos ponen su vida ante Dios: Se postran ante Dios. Unen sus manos en la oración o las extienden (postura del orante). Hacen la genuflexión o se arrodillan ante el Santísimo Sacramento. Escuchan el Evangelio de pie. Meditan sentados.


La postura de estar de pie ante Dios expresa respeto (uno se pone en pie cuando entra alguien de más categoría), y al mismo tiempo atención y disponibilidad (uno está dispuesto a ponerse inmediatamente en camino). Si al mismo tiempo se extienden las manos para alabar a Dios (postura del orante), se adopta el gesto original de la alabanza.

Sentado ante Dios el cristiano escucha en su interior, deja resonar la Palabra en su corazón (Lc 2,51) y la medita.

De rodillas el hombre se hace pequeño ante la grandeza de Dios. Reconoce su dependencia de la gracia de Dios.

Postrándose el hombre adora a Dios.

Juntando las manos el hombre se recoge frente a la dispersión y se une a Dios. Las manos enlazadas son también el gesto originario de la petición.





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miércoles, 13 de abril de 2022

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO DE RESURRECCIÓN. CICLO C

     








  HOJA PARROQUIAL


17 de Abril de 2022
Domingo de Resurrección. Ciclo C.

Parroquias de Tazacorte y Ntra. Sra. de Fátima en Tijarafe

Textos tomados de la página web de los dominicos en España. Dibujos obra de Fano.


“Entró, vio y creyó”




  Amanece el tiempo de Pascua. Tan grande es la experiencia de la Resurrección, tan fuerte sigue resonando en la Iglesia a pesar de los siglos, que no nos basta un día, ¡ni ocho siquiera!, para acogerla y celebrarla. La Pascua toca las raíces y la identidad de nuestra fe como seguidores de Jesús. Es nuestro sello, pero también la fuente a la que volvemos para nutrirnos y renovar nuestra esencia como creyentes. Porque la fe no es una pieza de museo, antigua y valiosa; tampoco una doctrina, una cultura o unas normas que repetimos porque tenemos interiorizadas. La Pascua nos empuja a nacer de nuevo, a dejarnos engendrar por el mismo Dios que, sacando a su Hijo Jesús de la oscuridad de la muerte, lo hizo vivir para siempre como  Señor y Salvador.


  Amanecer en Pascua es más que recordar otros tiempos, personas o costumbres desde la nostalgia o el lamento. Es volver a vivir la experiencia de la vida del Resucitado desde dentro, haciéndola propia, acogiéndola hasta el punto que nos cambie en lo profundo y escondido, que nos contagie la fuerza de su alegría, el coraje de su esperanza.


  Amanece la Pascua. Y lo hace, como cada año, en primavera. ¿Seremos capaces de reconocer y señalar toda la vida que se despereza a nuestro alrededor? ¿Nos pondremos en marcha para asociarnos de forma contagiosa al rumor de vida que el Viviente despierta en el mundo? ¿Tendremos el valor de sentirnos, en primera persona, testigos del Resucitado?











LECTURAS

Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43


En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: 
«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».


Salmo 117 R/. Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo


Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4


Hermanos:
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.


Evangelio según san Juan 20, 1-9


El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: 
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.





Parte 4. Cómo debemos orar


PRIMERA SECCIÓN. La oración en la vida cristiana


CAPÍTULO PRIMERO. Orar: Cómo Dios nos regala su cercanía


482 ¿Qué importancia tenía la oración entre los primeros cristianos?

 

Los primeros cristianos oraban intensamente. La Iglesia primitiva se movía por el impulso del Espíritu Santo, que había descendido sobre los discípulos y a quien la Iglesia debía su atractivo: «Y perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones» 

 

483 ¿Cuáles son las cinco formas principales de oración?

 

Las cinco formas principales de oración son la BENDICIÓN, la adoración, la oración de petición y de intercesión, la oración de acción de gracias y la oración de alabanza. 

 

484 ¿Qué es una bendición?

 

Una bendición es una oración que pide la BENDICIÓN de Dios sobre nosotros. Toda bendición procede únicamente de Dios. Su bondad, su cercanía, su misericordia son bendición. La fórmula más breve de la bendición es «El Señor te bendiga». Todo cristiano debe pedir la bendición de Dios para sí mismo y para otras personas. Los padres pueden trazar sobre la frente de sus hijos la señal de la cruz. Las personas que se aman pueden bendecirse. Además el PRESBÍTERO, en virtud de su ministerio, bendice expresamente en el nombre de Jesús y por encargo de la Iglesia. Su oración de bendición es especialmente eficaz por medio del sacramento del Orden y por la fuerza de la oración de toda la Iglesia.

 

485 ¿Por qué debemos adorar a Dios?

 

Toda persona que comprenda que es criatura de Dios reconocerá humildemente al Todopoderoso y lo adorará. La adoración cristiana no ve únicamente la grandeza, el poder y la SANTIDAD de Dios. También se arrodilla ante el amor divino que se ha hecho hombre en Jesucristo. Quien adora verdaderamente a Dios se pone de rodillas ante él o se postra en el suelo. En esto se muestra la verdad de la relación entre Dios y el hombre: él es grande y nosotros somos pequeños. Al mismo tiempo el hombre nunca es mayor que cuando se arrodilla ante Dios en una entrega libre. El no creyente que busca a Dios y comienza a orar puede de este modo encontrar a Dios. 





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COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 13 DE ABRIL DE 2022. MIÉRCOLES SANTO

  Mt 26,14-25: El Hijo del hombre se va como está escrito; pero, ¡ay de aquel por quien es entregado!


En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: 

«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?». 

Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: 

«¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?». 

Él contestó: 

«Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”». 

Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: 

«En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar». 

Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: 

«¿Soy yo acaso, Señor?». 

Él respondió: 

«El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!». 

Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: 

«¿Soy yo acaso, Maestro?». 

Él respondió: 

«Tú lo has dicho».



La Iglesia nos presenta hoy, Miércoles Santo, la traición de Judas desde la perspectiva de Mateo. No es una acción espontánea, sino algo pensado durante mucho tiempo donde buscaba la ocasión propicia.


Ocurre en la noche más “santa”, celebrando la Pascua con los discípulos. Se estropeó el clima religioso, de fiesta, de agradecimiento a Dios por la liberación de Egipto. Ante la libertad de Judas de “entregar”, está la libertad de Jesús, de “entregarse”. La libertad humana, con sus errores, entra en el plan de Dios. Dios cuenta con ella y escribe a partir de ella. Es la hora de las tinieblas, pero también la hora de la “glorificación”, según la lectura de ayer del evangelista San Juan. 


Según algunos autores, Judas no quería matar a Jesús. Judas tenía otra visión de la salvación que traería Jesús. Y según esos autores, podría ser la ocasión para que Jesús mostrara sus “poderes”. Judas quiere empujar a Jesús, como ya he dicho estos días, igual que María lo empujó en su primer “signo”. Y vaya que si lo empujó para demostrar su amor por nosotros. Judas provoca toda la misericordia de Dios. 


Y aunque pareciera que Jesús está contra Judas, “más vale no haber nacido”, sin embargo, no carga contra él, dado que no revela el nombre de quien es, carga contra lo que va a hacer. Dios nunca está a favor del sufrimiento de nadie. Dios ama al pecador, no ama el pecado. 


Pero esa expresión también es una desazón porque Judas no entiende los parámetros de Jesús, Judas no entiende que Jesús se vaya a entregar a la muerte. Es decir, Judas no ha nacido de nuevo en el nacimiento que da el Espíritu para poder comprender a Jesús, su mensaje, su misión, su identidad. 


El hijo del hombre se va como está escrito…Al fin y al cabo, Judas sólo fue un eslabón. Podría ser otro. Incluso, si no fuera Judas, habría otro. La ambición humana hubiera hecho siempre lo mismo en cualquiera de los escenarios, de los mundos, etc. No comprendemos la salvación de Dios, no comprendemos la misericordia de Dios, no comprendemos el amor de Dios, sólo lo entendemos desde un punto de vista de judicial. Pero es que en Dios, lo que prevalece es el amor. 


Por ello, en este miércoles santo, en el que en nuestro pueblo, y en muchos lugares, tradicionalmente se contempla el encuentro, captemos las miradas de María a su Hijo Jesús. María también atónita no entiende lo que está ocurriendo, pero CONFÍA. Y sigue esperando en Dios, que no puede dejar al mal la última palabra.


María que aceptó la voluntad de Dios al aceptar el mensaje del ángel, y que enseñó a su Hijo a lo mismo, ahora ve realizado la voluntad de Dios, llevada hasta el extremo.


Meditemos cada uno que tenemos de Judas, que no entendemos e intentamos tentar a Dios para que haga lo que nosotros queremos.

Meditemos también con María, que aunque no entiende, espera en Dios y sigue confiando en Él.

Por último, meditemos con Jesús, que acepta la voluntad del Padre hasta el extremo.